lunes, 13 de febrero de 2012

Rodrigo

Ilustración de Jaime Martínez, publicada
junto a la entrevista en el número 143 de
El Periódico de la Publicidad (junio de 2005)
Rodrigo

Ahí llega Rodrigo, con toda su barba y su gorra estilo béisbol. He quedado con él para charlar un rato sobre la lujosa reedición de su famoso cómic Manuel no está solo (Ediciones Sins Entido, 2005) que, allá por los años setenta dibujó para contar la historia de su relación emocional (y algo más) con alguien a quien conoció en una piscina. Un relato que, con el tiempo, se ha convertido en símbolo de una época en la que todo parecía posible en su despertar a los derechos del individuo y a las libertades.
Tras saludarnos de forma entrecortada, que mi mano extendida ayuda a salir del apuro, pedimos unas cervezas y entro de lleno en el tema preguntándole por los rasgos autobiográficos de la historia de Manuel
«Empezamos bien», bromea, y continúa afirmando que «aunque el arranque sí lo es, ninguna obra es absolutamente biográfica». En sus palabras hay un enorme poso de cariño «por ese trozo de mi vida que me ha dado mucho». Habla de la fascinación que sintió por ese hombre sencillo que trató y retrató, a pesar de que fue una relación breve y extraña, «como cogida con alfileres».
Rodrigo es un hombre muy hablador que pasa de una idea a otra con gran viveza. Manuel le hace pensar en el amor (con mayúsculas), y el amor le lleva a pensar en su hija, que, aunque de forma diferente, es lo que hoy entiende por amor.
Cuando le comento cómo se descubre el barroco en sus dibujos, despierta el artista apasionado, casi místico. «El barroco comenta– se asomó tanto a la hondura de la vida que dejó de ser pintura. Está hecho de la materia misma de la vida, tan cargado de dignidad y autenticidad que se acerca a la idea de Dios».
Además, parece encontrarse a Escher en algunas de las laberínticas formas de sus viñetas. «En una de las planchas coloqué incluso la firma de Escher. En aquel tiempo me confirma—, me fascinaba ese concepto plástico tan increíble».
Aquellos tiempos en los que Madrid parecía adaptarse a la iniciativa creativa. En sus dibujos, la ciudad parece orgánica, flexible, moldeable... Rodrigo me habla de su vida en el barrio de Malasaña, centro orbital de la movida madrileña, en la que «algunos hacíamos cositas y otros eran más los protagonistas. Se vivía mucho la calle, aunque quizás ahora también y yo ya sea un poco mayor». No obstante, Rodrigo afirma que entonces había «una mirada cómplice en la gente».
De un Madrid lo llevo a otro, y la rotundidad aparece cuando le pregunto sobre esta ciudad de hoy, tan olímpica. «No me gusta el deporte de masas. Lo invade todo y me resulta artificial». Afirma no sentirse identificado con una ciudad que reivindica no se sabe bien si negocio o deporte. «Prefiero las calles para reivindicar una vida en libertad».
Entonces, le pregunto, ¿cómo dibujaría hoy Manuel? «No lo haría. Lo viviría».
El tema de las libertades me lleva a buscar su opinión sobre este momento de inflexión que vive la comunidad homosexual actualmente (no hay que olvidar que Manuel es un referente gráfico del mundo gay). Sin embargo, Rodrigo afirma no ser militante de «lo gay. No me meto en ningún ejército. La militancia está en los extremos más extremos». Insiste en que dibuja lo que siente sin preguntarse si será o no arte gay. Asimismo, rechaza la ocultación y celebra «ese punto de ambigüedad que todos podemos tener».
Tras Manuel, Rodrigo dejó de dibujar cómics. De su obra posterior, todos podemos ver en Madrid su gran mural de más de 90 metros que dibuja la Castellana en el vestíbulo de la estación de Metro de Nuevos Ministerios.
Afirma ser un trabajador moroso y muy irregular. «Cualquier día me cortan el teléfono», bromea.
En cuanto al campo de la publicidad, se confiesa «lento trabajando y vago... muy vago», algo que no casa bien con la urgencia que exige el trabajo publicitario, por lo que muy pocas veces ha rozado ese terreno.
Concluimos nuestras cervezas y, antes de despedirnos, ya más afectuosamente, hablamos de la actual exposición de dibujos de gran formato que tiene colgados en la galería Masha Prieto (C/ Belén, 2) de Madrid, que confiesa ser fruto de la vorágine crea­tiva a la que la reedición de Manuel le ha devuelto.
Javier Herrero
(Entrevista realizada en julio de 2005 con motivo de una exposición de Rodrigo en la 
galería Masha Prieto y la reedición de su cómic Manuel no está solo en ediciones Sins Entido)

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