miércoles, 10 de julio de 2013

El hombre de las figuras de cera



Paul Leni
El hombre de las figuras de cera
Das Wachsfigurenkabinett (1923)
Versus Entertainment / Cameo

Encantadora y fascinante. Por sus historias y sus decorados. Por la ambientación y por la sencillez de planteamiento. Influido profundamente por las propuestas de otros directores de su época, sobre todo por El gabinete del doctor Caligari, dirigida en 1920 por Robert Wiene, y por Las tres luces, obra de 1921 dirigida por Fritz Lang, el también alemán Paul Leni firmó en 1923 El hombre de las figuras de cera, que podría considerarse como el inicio de ese subgénero del cine de terror en el que las figuras de cera son el argumento principal de la trama, y que otras muchas veces ha servido para alimentar el universo de ese cine inquietante, tan lleno de seres malvados y oscuros.


Llama la atención de esta película muda el protagonista principal, el nacido alemán William Dieterle, que inició su carrera como actor y más tarde, huyendo de la expansión nazi en su país, sería reconocido en la industria estadounidense como director de una larguísima filmografía, entre ellas la maravillosa y soñadora Jennie (Portrait of Jennie, 1949) o la espléndida Duelo al sol (Duel in the sun, 1948).
El argumento es muy sencillo, además de algo ingenuo (lo que le aporta un punto de gracia añadida) y se basa en la eterna lucha del bien y del mal y del amor como elemento redentor de todo. Un joven escritor descubre en un anuncio de prensa un trabajo para sus habilidades narrativas: en una galería de figuras de cera, el dueño necesita de alguien que construya cuentos acerca de los personajes que se exponen para motivar al visitante con las historias. De inmediato, el escritor encuentra la inspiración, ayudado y acompañado de la inevitable hija del dueño (con una apasionada Olga Belajeff interpretándola) que, como no podía ser de otro modo, se enamora profundamente de él. Las historias que va a escribir tendrán como personajes un orondo y mujeriego Califa de Bagdad (interpretado por un gracioso (Emil Jannings), al inquietante Iván el Terrible (encarnado por el inquietante Conrad Veidt) y a Jack el Destripador (Werner Krauss) en un breve último episodio que está cargado de fuerza onírica con sus superposiciones de imágenes.
En todos ellos, claro, la chica toma la imagen de la hija del propietario del museo y el galán que la salva de sus problemas, cómo no, es el propio escritor transformado en panadero de Bagdad, en un prícipe ruso y en el protagonista del sueño final. Al inicio de la película, el gabinete de las figuras de cera incluye cuatro personajes, uno de los cuales, Rinaldo Rinaldini, econocido como el capitán de los bandidos del siglo XVIII, que iba a ser el protagonista de un cuarto episodio que no llegó a filmarse por falta de presupuesto.
Son historias divertidas y siniestras, amables y con una fuerte carga expresiva, a lo que contribuyen fundamentalmente los retorcidos decorados creados por el propio director y la fotografía llena de largas sombras realizada por Helmar Lerski. Es una película entretenida que se complementa con la banda sonora compuesta por Jon Mirsalis añadida en la restauración de 2003.
Javier Herrero

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