miércoles, 8 de mayo de 2013

Butoh



Marianela León
Danza Butoh
Laboratorio semanal en Madrid

En 1950, los bailarines japoneses Kazuo Ôno y Tatsumi Hijikata, conmovidos por los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki, experimentaron con el movimiento terrorífico de los cuerpos aturdidos, heridos, alocados de los sobrevivientes de esas ciudades arrasadas que caminando por las calles sin rumbo fijo, creaban una imagen fantasmagórica de las ciudades. Durante un tiempo podían verse personas con sus cuerpos quemados y con los ojos reventados que caminaban desnortados en un mundo que se había transformado una madrugada para no volver a ser nunca más el mismo.
Partiendo de los movimientos de esa especie de zombies semivivos, los bailarines experimentaron una amalgama de técnicas corporales que se transformaron en una danza intensa, emotiva, fuerte, oscura, siniestra y extraordinariamente expresiva, la danza butoh. Su visión no deja indiferente a nadie, ya sea como rechazo emocional ante algo que lleva consigo esa carga de inhumanidad que fue su origen, ya sea como un modo de canalizar sentimientos en esos movimientos lentos, pausados, arritmicos que caracterizan a esta danza. El cuerpo se retuerce sobre sí mismo, un cuerpo que muchas de las veces aparece desnudo y manchado, casi como si estuviera quemado, y que produce tanta inquietud como energía revitalizadora frente lo más maligno del ser humano.

Una imagen de Masaki Iwana

No es común asistir a espectáculos de ese tipo de danza en nuestro país, pero ya hay un espacio donde se puede practicar y aprender a relacionarse con nuestros miedos más profundos a través de una danza tan especial como el cada alma que la practica. Son clases semanales impartidas por la especialista Marianela León en el espacio Simbiontes de Madrid (C/ Aguilón 3, bajo trasera. Metros Acacias y Embajadores), y para las que no son necesarios conocimientos previos de baile.
En sus clases, Marianela trabajará principalemente en tres ámbitos: conocer, cuidar y sensibilizar el cuerpo (Naturaleza), la presencia. las texturas y la imaginación (el espacio-tiempo), y la escucha, la intuición y la libertad (lo otro). Quizás puedan ser términos complejos para los neófitos, aunque está dirigido a cualquier interesado en experimentar la percepción y capacidades de su propio cuerpo. Para entender más sobre estos términos, añado unas explicaciones de la propia Marianela sobre sus clases y sobre este baile moderno:
«Entiendo que el butoh es una danza porque el cuerpo es el origen y el material de trabajo. Al decir cuerpo me refiero al cuerpo total. No sólo al pellejo con pelo que vemos, sino también a la memoria, la voluntad, el deseo... Todo aquello que conforma nuestro ser y que en cada momento está en movimiento... Así pues, en esta danza no se trabaja únicamente el movimiento visible, sino también el invisible, movimientos internos e inmovilidad.
Muchas danza muy hermosas se hacen con movimientos muy leves. En la naturaleza tenemos los mejores ejemplos. Aprendamos de ella. Aprendamos a gozar plenamente la observación y entonces quizás logremos tener menos ansia por hacer una cosa tras otra. Para profundizar en la contemplación hace falta calma. En la danza somos nosostros mismos, nuestro cuerpo en el tiempo-espacio compartido el objeto a observar.
Última precisión: que cada ser humano no es un objeto como lo es una silla, sino un pozo al infinito»
Marianela ha estudiado y practicado la danza butoh durante 13 años y ofrece una de sus versiones, un trabajo que tiene como base principal el butoh de Masaki Iwana, con el que ha trabajado entre 2003 y 2010. Su experiencia la ha llevado a festivales, teatros, galerias de arte y espacios al aire libre de España, Francia, Inglaterra, Portugal, Alemania, Italia, Grecia, Suiza, Luxemburgo, Estonia, Rusia, Israel y Japón.
Si estás interesado en estas clases que se imparten los miércoles (desde hoy, 8 de mayo, de 19:00 a 22:00), puedes ponerte en contacto pinchando aquí o llamando al teléfono 610915102 (Vero).
Javier Herrero

martes, 7 de mayo de 2013

Los niños del paraíso



Marcel Carné
Los niños del paraíso
(Les enfants du paradis, 1945)
2 dvds (Pathé! / A contracorriente Films)

El paraíso era en el teatro la zona superior del mismo, donde se hallaban las butacas más baratas y, por consiguiente, las clases menos pudientes y, a la vez, las que demostraban más entusiasmo con este arte. Asimismo, en el siglo XIX, el teatro no era (solo) lo que es hoy, sino que representaba también las aspiraciones del pueblo, las críticas políticas y un modo de expresión que iba más allá del arte y se mezclaba con lo social.


Los niños del paraíso (Les enfants du paradis, 1945) trata del teatro (francés) de ese tiempo, de lo que significaba para la sociedad y de la inmensa carga de expresión plástica que representaba. Lo hace, además, mostrando la conforntación artística de dos corrientes que competían por mostrar la máxima plasticidad: el teatro de voz, el de texto, tan habitual desde entonces, y el mimo, el de gestos sin palabras, hoy en desdichada decadencia.
Porque viendo lo que el director francés Marcel Carné (1906-1996) nos muestra en su película, estamos ante dos artes de una grandiosidad estética magnífica. De hecho, Les enfants du paradis viene a ser como un homenaje al mayor mimo de todos los tiempos, el Pierrot Jean-Gaspard Deburau, que interpreta de forma maravillosa e inolvidable Jean-Louis Barrault (1910-1994), con secuencias de actuaciones que rozan lo sublime en cuanto a puesta en escena por parte del director y de actuación por parte del actor.
El texto de la película está escrito por el poeta Jacques Prévert (1900-1977), y durante mucho tiempo ha sido considerada por la crítica francesa como la mejor película de todos los tiempos, título que le otorgó en 1995 con motivo del centenario del nacimiento del cine. No sé si lo de decir “la mjor película” tiene algún sentido, pero lo cierto es que es deslumbrante, brillante, majestuosa en todos sus términos, desde las escenas de interior, intimistas, de pareja... hasta las secuencias exteriores, con grandes masas de extras, con impactantes movimientos de cámara entre los populosos mercados donde se reunían los actores para dar publicidad de los espectáculos.
Los actores y actrices están como pocas veces se ven en el cine. Al ya mencionado Barrault en el papel del melancólico, tímido y enamorado mimo le da la réplica Pierre Brasseur (1905-1972) en el papel del actor Frederik, siempre seguro de su arte hablado y actuado. La trama, basada en hechos reales, es en realidad un complejo círculo de amores contrariados y equivocados, con dos maravillosas actrices en la plenitud de su arte, Arletty (1898-1992) y María Casares (1922-1996), en los papeles de las mujeres que ponen sus ojos e intenciones amorosas en personas equivocadas a la vez que los otros confunden también sus verdaderos sentimientos. Entre todos ellos intervienen también el bandido Lacenaire, interpretado por Marcel Herrand (1897-1953), el conde de Montrey, con un sutil Louis Salou (1902-1948), un inspector de policía, la matrona de la pensión donde vive el mimo, el director del teatro... Todos personajes inolvidables para una de las películas de amor y del arte del teatro y de la mímica más bonitas jamás filmadas, editada en una edición restaurada en dos dvds con las dos partes tal y como fue presentada en su momento.
Puedes ver el trailer de Los niños del paraíso pinchando aquí.
Javier Herrero

viernes, 26 de abril de 2013

¡Abajo el colejio!



Ronald Searle & Geoffrey Willans
¡Abajo el colejio!
Impedimenta, 2013

Antes de cualquier consideración literaria... ¡enhorabuena al traductor, el escritor asturiano Jon Bilbao! Este libro no es sencillo de leer por la gran cantidad de faltas de ortografía y dislocaciones de palabras y frases que contiene, por lo que volcarlo a nuestra lengua desde el inglés original ha de haber sido un arduo trabajo (a la vez que sumamente imaginativo). Y ¿por qué no?, también un ejercicio de memoria para recordar la forma de hablar que teníamos cuando éramos niños unos tiernos infantes, unos diabólicos y terribles niños ocupando todo nuestro saber en los paisajes maravillosos de los primeros años del colegio.


Pero no se asusten los posibles lectores, que lo de las faltas de ortografía y demás desmanes ligüísticos no solo son un aliciente sino que se convierten en una carcajada continua. En realidad, no es fácil leer este libro sin que la sonrisa esté presente de continuo en nuestro rostro. En 1953, el periodista y escritor Geoffrey Willans (1911-1958) y el dibujante Ronald William Fordham Searle (1920-2011) aunaron esfuerzos, inventiva, imaginación y mucho sentido de humor (británico, por supuesto) para crear lo que se convertiría en uno de los grandes clásicos de la literatura ilustrada del pasado siglo y uno de los más importantes de esa llamada escritura gamberra, que no se corta ante ningún estamento, institución o personaje que se le ponga delante (al estilo inglés, mordaz pero con respeto, eso sí). Satírica y divertida como pocas, esta medio novela, medio cómic es un texto absolutamente genial que destila mala baba y que pueden leer tanto niños (que seguro que lo harán de una manera) como adultos (que lo haran de otra completamente diferente).
La historia de ¡Abajo el colejio! es la de un gamberro colegial llamado Nigel Molesworth que hace un repaso a todos y cada uno de los habitantes que pueblan el colegio de internos San Custodio, que tiene 62 alumnos y una colección de profesores (que hay que manejar con inteligencia, habilidad y mucha mano izquierda para beneficio de los propios alumnos). Un repaso que mete el dedo en cualquier llaga que pueda escocer y que saca a relucir cada uno de los defectos que, a los ojos del irreverente Molesworth, son sintomáticos de sus personalidades. Cuanta además todas y cada una de las estrategias que hay que elaborar para poder saltarse los tostones de clases con que los maestros hacen sufrir a los pobres alumnos, más capacitados para el mundo de lo que los docentes son capaces de imaginar.
Un botón de muestra de las apreciaciones de ese travieso gamberrete:
«Hay profesores de todas las formas y tamaños. Algunos son delgados algunos tienen una panza enorme algunos fuman cigarros hapestosos algunos chupan pipas igual de hapestosas y casi TODOS tienen la cara como un tomate pudrido y pisoteado».
Este malvado colegial nació en la revista Punch a mediados de los años cuarenta y se convirtió en un gran éxito inmediatamente, protagonizando cuatro libros hasta el fallecimiento prematuro de Willans, lo que no impidió que se haya convertido en uno de los grandes clásicos de la prosa satírica de todos los tiempos. Esperemos que Impedimenta nos regale con la jugosa traducción de los otros tres títulos de la serie. ¡A divertirse toca!
Javier Herrero

martes, 23 de abril de 2013

Norte de África

Rifeña 3 (1909)


Ortiz Echagüe
Norte de África
La Fábrica, 2013

Este libro es la edición catalogada de la exposición Norte de África, realizada en el Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC) abierta al público el pasado 14 de marzo de 2013 con la obra del artista nacido en Guadalajara José Ortiz Echagüe (1886-1980), probablemente el gran fotógrafo pictorialista de nuestro país, una técnica que evoca el trabajo manual de la pintura y el dibujo, con un gran componente academicista y una evidente plasticidad artística.

A la izquierda, Fantasía (1912). A la derecha, Mora de Fez 4 (1910)

Es asimismo parte de los fondos de lo que será el futuro Museo Universidad de Navarra, iniciado preisamente con el legado de este fotógrafo y que se ha visto incrementado con la obra de otros grandes fotógrafos de todas las épocas (abrirá sus puertas en 2014). Los textos del catálogo y el comisariado de la exposición han sido fruto de la labor de investigación del propio nieto del fotógrafo, Javier Ortiz-Echagüe y está publicado por La Fábrica, como siempre en una edición primorosa, con gran calidad en las reproducciones y encuadernado en tela, siguiendo los deseos originales del artista, que en vida quiso publicar un libro dedicado a sus experiencias fotográficas en el Norte de África, por aquel entonces, zona de protectorado español.
Un territorio que marcó la vida de Ortiz Echagüe desde que realizara su prestación militar en esos territorios sirviendo en el Cuerpo de Ingenieros del ejército a principios de la década de 1910, momento en el que realizó la serie dedicada al Rif, centro de este libro-catálogo de la exposición. Posteriormente realizó otros tres viajes a Marruecos, entre 1964 y 1966, como colofón a una carrera fotográfica plagada de obras de arte.
Como las que se presentan en este libro, un trabajo de retratos, paisajes y escenas de la vida cotidiana que, pese a sus más de cien años que tiene, mantiene una vigorosa fuerza expresiva y, sin ninguna duda, una calidad artística difícil de igualar. Ya en aquellos tiempos, Ortiz Echagüe experimentó con diferentes técnicas fotográficas que después desarrollaría en profundidad en sus series Tipos y trajes (1930), España, Pueblos y paisajes (1939), España mística (1943) y España, Castillos y alcázares (1956). En conjunto, una obra que se convierte en una referencia de modos y constumbres de unos pueblos que están en continua transformación y que, de no ser por estas referencias gráficas, muchos de ellos se perderían irremediablemente en el olvido. Claro que, si la referencias tienen el valor artístico que tiene las fotografías de Ortiz Echagüe, las imágenes se transforman además en obras de museo, además de la propia visión antropológica y documentalista que sin duda poseen.
Puedes ver el vídeo de presentación de la exposición en el MNAC pinchando aquí.
Javier Herrero

miércoles, 17 de abril de 2013

Fear and desire



Stanley Kubrick
Fear and desire
(1952) Divisa Home Vídeo

Todos los maestros tienen sus inicios y uno de los grandes directores de cine de la historia también pasó por el aprendizaje y la prueba y el error. Stanley Kubrick (1928-1999) renegó posteriormente de su primer largometraje por considerarlo imperfecto y la obra de un novato. Buscó y trabajó para destruir todas las copias existentes pero, como suele ocurrir en estos casos, siempre queda alguna copia despistada en algún lugar desconocido, y así ocurrió también en relación a Fear and desire (1952), precisamente esa primera película de Kubrick, aunque ha permanecido perdida mucho tiempo.


Tras su reaparición, ha sido restaurada por The Library of Congress y, más de 60 años después de su estreno, regresa a disposición de todos los aficionados al maestro neoyorkino, autor de obras inmortales como 2001: A Space Odyssey (2001, una odisea del espacio, 1968), Barry Lyndon (1975), A Clockwork Orange (La naranja mecánica, 1971), The Shining (El resplandor, 1980), Paths of Glory (Senderos de gloria, 1957), Lolita (1962) o Full Metal Jacket (La chaqueta metálica, 1987). Un artista que logro cotas de escelencia artística en prácticamente toda su filmografía y que en cada género que tocó, dejó una perla, una obra maestra imprescindible del cine.
Fear and desire no tuvo esa consideración para el maestro y por eso quiso destruirla. Los aficionados se encantarán de que no se haya cumplido la voluntad del realizador estadounidense. En esta edición,. además, se acompaña de sus tres cortometrajes que filmó al inicio de su carrera, lo que viene a completar la filmografía editada de Kubrick.
Fear and desire se trata de un drama bélico y psicológico de bajo presupuesto, que filmó con aportaciones económicas de familiares y amigos, donde varios soldados en guerra se ven abandonados y perdidos en una zona enemiga, en un ambiente claustrofóbico y cerrado (pese a estar filmado en exteriores), y en los que surge el miedo, el pánico a los ruidos, la desazón por cualquier movimiento del entorno enfermizo en el que se hallan. El soldado Sidney (interpretado por el que sería asimismo director de cine Paul Mazursky) no soporta la presión y saca a la luz toda su ira y los traumas ocultos canalizándolos hacia una campesina que han apresado y a la que tortura psicológica y sexualmente.
La fotografía es impecable y aunque el montaje tiene los errores de un principiante y los actores no logran esa interpretación magistral que posteriormente buscaría el director en sus siguientes cintas, la película apunta algunas de las obseisones de su cine futuro, tanto formal como temáticamente. Para todos aquellos aficionados a Kubrick, una película imprescindible.
Puedes ver el trailer de Fear and desire pinchando aquí.
Javier Herrero