jueves, 28 de junio de 2012

Joe Bonamassa


Joe Bonamassa
Live from New York. Beacon Theatre
2 dvds (Provogue / Mastertrax, 2012)

Si en 2009 se publicó el doble dvd Live from the Royal Albert Hall (Provogue / Mastertrax) con sus mejores temas y logrando un gran éxito, el guitarrista y cantante de blues-rock norteamericano Joe Bonamassa se luce de nuevo en un espectáculo en directo que se edita de nuevo en un doble dvd, dirigido como el otro por Scott McFadyen, que recoge el concierto que ofreció en el Beacon Theatre de Nueva York el 5 de noviembre de 2011. Un precioso teatro que, una vez más y para envidia de músicos españoles, se convierte en un centro para honrar la maestría de los artistas de música pop-rock, artistas que, como Joe Bonamassa, se han convertido en verdaderas leyendas populares de las seis cuerdas.

Joe Bonamassa con Beth Hart

Un espectáculo impresionante donde la música es la verdadera protagonista. Tiene la iluminación necesaria, la escenografía precisa para que todo el protagonismo recaiga precisamente en las canciones de este artista blues, o blues rock, que su potencia le hace acercarse más al rock que a la melancolía del blues más tradicional (sin que abandone las raíces, por supuesto).

John Hiatt cantando junto a Joe Bonamassa

En esta ocasión y como suele ser habitual en los grandes conciertos, cuenta con la colaboración on estelar de invitados como Beth Hart, John Hiatt y Paul Rodgers, con los que el guitarrista norteamericano vuelve a demostrar su virtuosismo con la guitarra y su especial manera de tocar el blues, que le une en pulsión y fraseo a alguien quizás alejado del género como David Gilmour, guitarrista de Pink Floyd. Y como acompañantes de este intérprete de guitarras Gibson, dos fabulosos músicos: Carmine Rojas con su muy bien modulado bajo y la sencilla contundencia del batería Tal Bergman.

Paul Rodgers se luce junto a Joe Bonamassa

Con la voz de la imponente cantante norteamericana Beth Hart, Bonamassa repasa dos temas, la estremecedora I’ll take care of you y la potente Sinner’s prayer, donde sus fraseos con la guitarra son luminosos y delicados a la vez que gloriosos.
Junto al cantautor John Hiatt, por su parte, ganador de los premios Nashville Music Lifetime Achievement Award y American Music Award, acompaña a Bonamassa interpretando dos temas compuestos por el propio Hiatt: Down around my place y I know k place. También en dos ocasiones, Bonamassa cuenta con el legendario vocalista de rock Paul Rodgers (de grupos como Free y Bad Company); juntos interpretan Fire and water y Walk in my shadows, ambas compuestas por el mismo Rodgers.
Si les gusta el blues con sonidos clásicos, con toda la contundencia del rock y con la brillantez de los clásicos de la guitarra, este concierto supone un ejercicio musical para regalarse los oídos y ambientar más de un local de copas sin ningún tipo de complejos. Una gozada.
Puedes ver el tema Sinner’s Prayer, interpretado por Joe Bonamassa junto a Beth Hart pinchando aquí.
Javier Herrero

Michel Petrucciani


Michael Radford
Michel Petrucciani
Avalon / Cameo, 2012

Nació con un transtorno congénito llamado osteogénesis imperfecta, lo que vulgarmente se conoce como huesos de cristal, un defecto genético que impide que los huesos se desarrollen con su dureza normal y que crezcan mal y muy frágiles. En su edad adulta no llegó a medir ni siquiera un metro de altura. Una enfermedad que, a priori, habría sido causa de una condena de por vida al ostracismo, pero que en el caso del francés Michel Petrucciani (1962-1999) se convirtió, en contra de lo previsible, en una fuerza inigualable por disfrutar de la vida y desarrollar sus habilidades, que supo canalizar con aprendizaje y abnegación, hasta cotas de maestría que le llevaron a convertirse en uno de los más importantes pianistas de jazz del último cuarto del siglo XX y de los grandes de la historia del género.
Este documental, dirigido por el realizador inglés Michael Radford (autor de la versión en cine de la novela 1984 de George Orwell) rebusca documentos filmados de Michel Petrucciani, tanto de sus actuaciones como de las muchas entrevistas que dio y de declaraciones de quienes le acompañaron en su vida. Un documento que demuestra que la fuerza vital es capaz de superar incluso hasta los más duros e insolubles inconvenientes con que pueda toparse.


Cuando era pequeño, la enfermedad de Michel no le permitía, como es habitual en todos los niños, jugar con sus amigos, darle a la pelota o hacer piruetas y cabriolas alocadas. Estaba condenado a la protección de su familia para que su fragilidad ósea no le martirizara. Nació en una familia de músicos de origen italo-francés, pero, pese a ello, resulta muy graciosa la anécdota que narra el propio Michel Petrucciani sobre el primer piano que le compraron y que, dado su minúsculo tamaño, fué de juguete. Fue tal su indignación que sacó fuerzas de flaqueza para destrozarlo y hacerles ver que su decisión era tocar un piano de verdad. Tras conseguir que le tomaran en serio, comenzó a estudiar piano clásico, pero sus habilidades se dirigían a otro sitio: sus ídolos eran, sobre todo, Duke Ellington y Bill Evans, pero sentía atracción por todas las grandes figuras del jazz norteamericano, por sus discos, sus espectáculos y la magia que transmitían.


Tras probar suerte a los 12 años con su padre Tony Petrucciani en la guitarra (y su profesor de piano) y su hermano Louis en el contrabajo, pronto se destacó su facilidad para despertar emociones con el piano. Su técnica era deslumbrante y su estilo se nutría de la sutileza y las atmósferas íntimas y un gran dominio del ritmo. Los contactos de la familia permitieron que su enorme talento se plasmara en una primera grabación discográfica ya a los 17 años y acto seguido a realizar una serie de conciertos y grabaciones con una formación de trío junto al bajista François Jenny-Clark y al baterista Aldo Romano.


A los 20 años cumple uno de sus grandes sueños: viajar a Estados Unidos, donde se convierte en el pianista del grupo del saxofonista Charles Lloyd, ya retirado, pero que vuelve a la escena por la insistencia del mismo Petrucciani. El éxito es total y la fama le llega de inmediato. Lo que, cuando era niño, le parecía imposible, estaba tomando forma. Ya no solo podía ver a sus ídolos del jazz, a las grandes figuras tocando en los clubes míticos. Ahora tocaba con ellos, que no dejaban de asombrarse con su extraordinaria técnica y su inmensa expresividad con el piano. Es de resaltar que sus manos alcanzaron un tamaño de adulto normal, pero su cuerpo no creció correctamente y a todos sitios debía ser llevado en brazos y los pianos tenían que ser adaptados para que pudiera alcanzar los pedales. Lo que no le impidió convertirse en una de las grandes estrellas del piano de jazz de la historia.
Tampoco le impidió vivir casi con furia su corta vida. Lo probó todo con gran velocidad, quizás a sabiendas de que su vida no iba a ser muy larga, se unió a mujeres, bebió, disfrutó de la vida con ansia. Era divertido y, según los comentarios de las mujeres con las que estuvo, realmente seductor y experto amante. Todo esto se narra con gran fluidez en este documental con algunos momentos muy simpáticos de declaraciones del propio Michel que son contrariadas con cariño por la gente que le rodeaba. Es maravilloso descubrir cómo la fuerza vital de un individuo puede sobreponerse a tanta dificultad y además llegar a deslumbrar como un gran artista que, afortunadamente, podrá ser recordado con los 19 discos de estudio y los 12 en directo que grabó, además de las muchas grabaciones en dvd que se tienen de sus actuaciones.
Un reportaje espléndido que merece disfrutar con detenimiento para después, cómo no, pinchar uno de sus discos y disfrutar de gran música (solo o en compañía de otro/as).
Puedes ver el trailer de Michel Petrucciani pinchando aquí.
Puedes ver la interpretación de Satin Doll en el Stuttgarter Jazztage de 1993 pinchando aquí.
Puedes ver a Michel Petrucciani y a Jim Hall (guitarra) interpetando Beautiful Love en el Festival de Jazz de Montreux de 1986 pinchando aquí.
Javier Herrero

miércoles, 27 de junio de 2012

Georges Méliès


Georges Méliès
El primer mago del cine (1896-1913)
Pack 6 dvds + libro (Arte / Lobster / Divisa, 2012)

¡Qué bien elegido el título de este fantástico –nunca mejor utilizada esta palabra– pack sobre Georges Méliès (1861-1938)! Porque este autor, nacido en el seno de una familia burguesa de París, puede considerarse el verdadero inventor del cine de ficción. Antes de que Méliès llegara al cine –muy poco antes–, el 28 de diciembre de 1895, los hermanos Auguste y Louis Lumière habían presentado al mundo un invento que convertía las imágenes estáticas de la fotografía en imágenes en movimiento proyectándolas sobre una pantalla. Acababa de nacer el cine o, como entonces se le decía, el cinematógrafo.
Las primeras filmaciones trataron de hechos de la vida cotidiana, como La llegada de un tren a la estación de la Ciotat (ver) con la que los Lumière inauguraron el cine como espectáculo de pago). El invento se difundió rápidamente y, en Dinamarca, Peter Elfelt (1866-1931) lo usó para filmar a las familias de la realeza europea. En Alemania se inauguró con la filamación de un paseo en bicicleta y un operador de los Lumière, Alexandre Promio (1868-1927) filmó los canales de Venecia a bordo de una góndola, en lo que se le considera el primer travelling de la historia. En Estados Unidos, se filmó la invasión militar norteamericana de Cuba en la guerra con la que se independizó de España.

Fotograma de Le voyage dans la Lune (1902)

Pero pronto, solo seis meses después de la primera proyección mundial, apareció este inquieto francés, Georges Méliès que ya en junio de 1896 se hizo con el equipo necesario y película para dar rienda suelta a la imaginaciñon que bullía en su interior al servicio del arte. Fue el primero en hacer de la ficción el tema argumental de sus películas, ya fuera adaptando novelas y cuentos clásicos, ya fuera por el simple hecho de filmar trucos visuales, ciertamente muy influidos por el ilusionismo y el mundo de la magia, terrero que encontró en el cine un medio para desarrollarse para asombro y disfrute de los espectadores. Méliès construyó estudios, escenarios, vestuarios... lo hacía todo él, incluso actuó en sus películas entre muchos actores (muy esperpénticos, por cierto, vistos desde nuestra óptica actual) y llegó a filmar centenares de películas, cortas la mayoría y algunos mediometrajes de hasta 30 minutos.

Fotograma de Le voyage à travers de l'Impossibe (1904)

Logró desbordar la pantalla con sus alardes de imaginación puesta al servicio de la magia del cina que despuntaba como nueva forma de expresión, un mundo del que Méliès fue pionero e innovador en muchos efectos especiales, trucos y manipulaciones como las múltiples exposiciones, la fotografía en lapso de tiempo (o, como decimos hoy día, el stop-motion), las disoluciones de imágenes y los fotogramas coloreados a mano.
Precisamente todos sus filmes conocidos o no perdidos se han recuperado y restaurado con las técnicas más avanzadas buscando los mejores originales disponibles, y se han recopilado en este fabuloso pack de seis dvds y un libro de 80 páginas (en español y portugués) sobre la vida y obra del autor francés y que cuenta con un prólogo-conferencia del director canadiense Norman McLaren (1914-1987), uno de los grandes directores de animación de la historia, muy deudor de la obra de Méliès. Además, se incluye un dvd extra con un documental sobre la vida de este pionero del cine, dirigido en 1997 por Jacques Meny para televisión y en el que, a través de testimonios, fragmentos de las películas y reconstrucciones infográficas de los decorados y estudios, logra trazar un resumen muy atractivo de la vida de este genio del cine, de este inventor de la ficción animada.
Y, por si no fuera poco, como complemento se incluyen dos cortometrajes de Segundo de Chomón (1871-1929), el pionero español que logró crear tanta fantasía y trucos cinematográficos como su contemporáneo Méliès.
Todo el cine de un mago en una edición definitiva.
Puedes ver el corto Le Locataire Diabolique (1909) pinchando aquí.
Javier Herrero

martes, 26 de junio de 2012

La maleta mexicana


Trisha Ziff
La maleta mexicana (2011) Cameo

«Si olvidas tus fracasos, seguramente volverás a fracasar en lo mismo. 
No puedes olvidar. No se puede forjar un futuro sin memoria».
Son palabras de Lluís Martí Bielsa, veterano de la Guerra Civil española. Son palabras que reivindican la memoria para que la historia, nuestra historia, quede bien asentada en el espíritu de quienes somos. Unas palabras que forman parte de muchas declaraciones y testimonios que se incluyen en el documental La maleta mexicana, dirigido por Trisha Ziff, británica con familia que luchó en nuestra guerra civil y que creció rodeada de exbrigadistas internacionales, además de haber sentido muy de cerca el dolor profundo que causa la guerra entre vecinos al haber vivido mucho tiempo en Irlanda del Norte. Ahora vive en México y ha servido de nexo de unión para que un descubrimiento gráfico saliera a la luz: una serie de tres cajas llenas de negativos de Robert Capa, David Chim Seymour y Gerda Taro que habían permanecido perdidas en el tiempo desde que terminara la Guerra Civil española donde las tomaron.
Este documental tiene como fondo argumantal, además de ese descubrimiento, la memoria relacionada con los sucesos que ocurrieron durante tan incruento conflicto y, tras su finalización, los que desembocaron en el exilio de miles de personas que tuvieron que abandonar el país.

 Robert CapaDavid Chim Seymour y Gerda Taro

En 2007 aparecieron en México DF tres cajas manufacturadas con cartón que contenían unos 4.500 negativos de las fotografías que tomaron tres amigos fotógrafos que se convirtieron en arquetipo del fotoperiodismo de guerra. Robert Capa, David Chim Seymour y Gerda Taro se unieron en París para viajar a España y documentar el desarrollo de la guerra que estaba desangando el país. El hallazgo de estas cajas con los negativos que hicieron se ha convertido en algo más que el descubrimiento de parte de la obra de tres autores: se podría traducir como la recuperación de la memoria. Muchos individuos anónimos recuperaron su aspecto y regresaron del olvido al que un día les llevó el conflicto. Muchos muertos regresaron del pasado, de una guerra que se convirtió en la primera del siglo XX cuyos objetivos no eran los militares, sino la población civil, que resultó esquilmada, ota, mancillada, presa de un dolor y de unas heridas que aún hoy restallan en la memoria de quienes sobrevivieron y de sus familiares. Las fotos de este trío sirven, asimismo, de justificación para recorrer un camino de reconciliación con el pasado para afrontar un futuro en el que no halla heridas no cerradas.


Trisha Ziff consigue con gran habilidad y maestría trabar las tres historias para que se conviertan en la misma y se nutran y motiven una con otra. En este canto a la memoria se funden el apasionante (casi de novela histórica) recorrido de las maletas de Capa junto al exilio que sufrieron los españoles tras la salvaje Guerra Civil. Esta larga lucha entre gentes de la misma tierra, el exilio y la historia de las fotografías de los tres amigos, confluyen en este documental en el motivo por el que hoy se está luchando para hallar los cuerpos de aquellos que fueron ajusticiados durante y después de la guerra. Confluyen en la Recuperación de la Memoria Histórica que tanta polémica está sembrando entre nosotros, para que, al abrir esas fosas comunes, los demonios del pasado se disipen y las vidas del futuro se fortalezcan como pueblo sin resuemores ni odios procedentes del pasado.
Además, la edición en dvd de este documento tan interesante, casi coincide en el tiempo con la exposición que se está preparando en el Círculo de Bellas Artes de Madrid sobre La maleta mexicana, organizada por la Fundación Pablo Iglesias, el International Center of Photography (ICP) y el mismo Círculo de Bellas Artes. En ella se podrán ver más de 200 piezas, entre hojas de contacto, fotografías, objetos y periódicos, además de dos piezas audiovisuales.
Más información de la exposición pinchando aquí.
Puedes ver el trailer del documental pinchando aquí.
Javier Herrero

lunes, 25 de junio de 2012

Fausto


Alexander Sokurov
Fausto (Faust, 2011) Cameo

Como si de un ballet de vanguardia se tratara, el director ruso Alexander Sokurov mueve a los personajes de su última película con un gran sentido coreográfico. Nada parece escapar a un cuidadoso plan creativo. Los ciudadanos macilentos y entristecidos deambulan por un mundo amarillento, distorsionado, enfermizo y necesitado. Un mundo en el que zumban las moscas y las ratas campan a sus anchas, donde surgen perros tan hambrientos como los humanos, se respiran hedores enfermizos y aparecen venenos que no matan pero que sí consiguen desvelar la lujuria, la avaricia y la envidia de los seres miserables que pululan agolpados.


—¿Qué hace la muerte? ¿Se desaparece del todo?— pregunta la joven Margarita al doctor Fausto, que pretende conquistarla para satisfacer sus deseos lujuriosos.
—La ciencia niega la existencia de la muerte— responde Fausto.
—La vida dice lo mismo— comenta Margarita.
—Es verdad.
—¿De qué sirve la ciencia, entonces?— insiste la joven
—Sirve para llenar el mundo— concluye el doctor en una secuencia que, entre todo el sufrimiento que llena el mundo, quiere ser un momento romántico.


Porque, efectivamente, esta película es la adaptación que Sokurov ha realizado de la novela Fausto del alemán Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832). Claro que, siendo quien es. el director ruso no se limita a transcribir este extraño pacto del hombre con el diablo. sino que lo utiliza para conjurar su propio universo creativo y de pensamiento, llenándolo de preguntas absolutas que puedan darle sentido a la existencia y cordura al hecho de estar vivo entre vivos. El Fausto de Sokurov pasea con el diablo mientras formula preguntas sobre la dirección de la vida o el porqué de sentir el alma si no tiene ubicación física en nuestro cuerpo. Este Fausto es un doctor martirizado por dudas existenciales y epistemológicas y, como relata la novela de Goethe, también trata de solventarlas mediante un arriesgado pacto con el diablo, que aquí toma una extraña forma antropomórfica, como un hombre deformado en su físico, abyecto y obsesivo en su manera de comunicarse, con cinismo, sarcasmo y gran displicencia por los problemas de los seres humanos.


Sokurov apelotona a los personajes, los cruza, los aplasta, los angustia. Sus cuerpos se retuercen como presas de un conjuro o una condena de la que no pueden escapar. Quizás, precisamente, el hecho de estar vivos entre vivos, como si fuera un preludio del castigo infernal. Sokurov deforma las imágenes, las distorsiona, las vuelve enfermizas, como si fueran reflejos en espejos irregulares, incrementando con ello la inquietud que reina en el mundo que describe y, a la vez, logrando unas hermosísmas fotografías que se acercan tanto al arte plástico como al mismo arte cinematográfico, del que, sin duda, el director ruso es uno de esos pocos que tiene un firma especial. Una forma de hacer cine tan diferente que es capaz de cerrar nuestra mirada enmarcando la película en un cuadro negro, como si observáramos todo a través de un ventanuco, convirtiéndonos como espectadores en una especie de voyeurs y logrando incrementar aún más nuestra inquietud con ello.
Sokurov logró con esta película el León de Oro a la Mejor Película en el pasado Festival de Venecia, a pesar de que su cine se hace complejo, difícil y laberíntico. Pero es que Sokurov es un artista con mayúsculas, un director que corre su propia carrera sin competir con nadie y sin seguir los caminos de otros. Tiene un lenguaje propio y distintivo. Es martirizante, como lo son los pensadores. Es molesto, como lo son los creadores. Es bello, como los son los poetas.
Puedes ver el trailer de Fausto pinchando aquí.
Javier Herrero